Anotació

Men of fifty don’t dance mazurkas

Magritte

René Magritte (1898-1967), L’Art de la Conversation (1963), col·lecció particular.

 

 

 

«Al parecer es muy común entre los jóvenes de veinticinco años el hecho de considerar a sus mayores  —a hombres que, digamos, les doblan en edad— poco más que maderos  y piedras con respecto a la belleza femenina. Jamás se cometió un error mayor. Las mujeres, ciertamente, lo saben mucho mejor. Pero en este sentido, los hombres de cualquier edad ignoran por completo cómo son los hombres de otras edades. Ninguna experiencia de lo que sucede en el mundo, ninguna lectura de la historia, ninguna observación de la vida consigue enseñarnos la verdad. Los hombres, a los cinquenta, no bailan mazurcas, ya que están, por lo general, demasiado gordos y se quedan sin resuello. Ni se sientan durante horas en la orilla de un río a los pies de su dama, están un tanto preocupados por el reumatismo. Pero para el auténtico amor real…, el amor a primera vista, el amor hasta la devoción, un amor que le roba el sueño al hombre, una amor “cuyos ojos ven més que el águila”, un amor que es “capaz de oír ruidos que no escucharía ni el ladrón más sagaz”, un amor que es “un Hércules trepando a los árboles de las Hespérides…” [Treballs d’amor perduts, W. Shakespeare] pensamos que la mejor edad está entre los cuarenta y cinco y los setenta. Hasta ese momento, los hombres tan sólo están preparados para el simple flirteo.»

 

 

«It is, we believe, common with young men of five-and-twenty to look on their seniors —on men of, say, double their own age— as so many stocks and stones —stocks and stones, that is, in regard to feminine beauty. There never was a greater mistake. Women, indeed, generally know better, but on this subject men of one age are thoroughly ignorant of what is the very nature of mankind of other ages. No experience of what goes on in the world, no reading of history, no observation of life, has any effect in teaching the truth. Men of fifty don’t dance mazurkas, being generally too fat and wheezy; nor do they sit for the hour together on river-banks at their mistresses’ feet, being somewhat afraid of rheumatism. But for real true love —love at first sight, love to devotion, love that robs a man of his sleep, love that “will gaze an eagle blind,” love that “will hear the lowest sound when the suspicious tread of theft is stopped,” love that is “like a Hercules, still climbing trees in the Hesperides” —we believe the best age is from forty-five to seventy; up to that, men are generally given to mere flirting.»

 

 

Anthony Trollope (1815-1882), Las torres de Barchester [Barchester Towers, 1857], traducció de José Miguel Santamaría López i Cándido Santamaría López; edició de José C. Vales, Madrid, Espasa, 2008, p. 366 (llibre III, cap. iii).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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