Anotació

Fats

Francisco de Goya (1746-1828), Átropos o Las Parcas (Pinturas negras, 1819–1823). Madrid, Museo del Prado.

«Hi ha gent —jo entre ells— que detesta els finals feliços. Ens sentim estafats. El mal és la norma. Elfat no s’ha de manipular.»

Vladimir Nabokov (1899-1977), Pnin (1957). Traducció de Marta Pere. Barcelona: RBA La Magrana , 2013, p. 24.

Anuncis

Sempre, sempre mar endins

Francisco de Goya (1746-1828), El gos (c. 1819-1823). Madrid, Museo del Prado.


Excelsior
Vigila, esperit, vigila;
no perdis mai el teu nord,
no et deixis dur a la tranquil·la
aigua mansa de cap port.
Gira, gira els ulls enlaire,
no miris les platges roïns,
dóna el front an el gran aire;
sempre, sempre mar endins.
Sempre amb les veles suspeses
del cel al mar transparent,
sempre entorn aigües esteses
que es moguin eternament.
Fuig-ne de la terra immoble,
fuig dels horitzons mesquins:
sempre al mar, al gran mar noble,
sempre, sempre mar endins.
Fora terres, fora platja,
oblida’t de tot regrés:
no s’acaba el teu viatge,
no s’acabarà mai més.
  
Joan Maragall (1860-1911), Poesies (1895).


Qué valor!

«Qué valor!» (gravat 7). La sèrie de 80 gravats de Francisco de Goya (1746-1828) Los Desastres de la Guerra del Museu de Mataró s’exhibeixen a la planta baixa de Ca l’Arenas de Mataró (carrer d’Argentona, 64). Els gravats corresponen a l’estampació realitzada durant la Guerra Civil l’any 1937, a partir de les planxes originals de Goya a la Calcografía Nacional de Madrid, organisme que encara les conserva.


What a gift of the gab!

Francisco de Goya (1746-1828), Qué pico de oro!
(sèrie Los caprichos, 1799).


«Quizá nos hubiera ido mejor con los portugueses y sin los catalanes.»  
Gregorio Peces-Barba (27 oct. 2011).


«Si a ells els hauria anat millor, imaginin-se a nosaltres!»

Pilar Rahola,  Quin tip de riure!, La Vanguardia (29 oct. 2011). 


Vista aèria de Barcelona bombardejada per les forces aeries italianes, 17 de març de 1938.

«A Barcelona hay que bombardearla al menos una vez cada cincuenta años»

General Baldomero Espartero (1793-1879).

«No se cuántas veces hubo que bombardear Barcelona.[…] Creo que esta vez se resolverá sin hacerlo.»  

Gregorio Peces-Barba (27 oct. 2011).



«Peces-Barba és un enorme fill de puta.»
Joan Tardà (28 oct. 2011).


Imbècils

Francisco de Goya (1746-1828), La família de Carles IV (1800). Madrid, Museu del Prado.



«—Heu de tenir en compte, estimat doctor —he dit jo—, que el món seria molt avorrit sense imbècils!»
Mikhaïl Lérmontov (1814-1841), Un heroi del nostre temps (1839-1840). Traducció de Miquel Cabal Guarro. Barcelona: Alpha, 2011, p. 99.


Déu es diverteix

Atribuït a Francisco de Goya (1746-1828), El colós, 1818-1825. Madrid, Museu del Prado.


«I, sospirant suaument, exhalà: 
“Sabeu? Déu es diverteix.”
I morí.»
André Schwarz-Bart (1928-2006), El darrer just (Le Dernier des justes, 1959). Traducció Joan Oliver. Barcelona, Vergara, 1963, p. 36.


Energúmens

Francisco de Goya (1746-1828), Duelo a garrotazos, 1820-1823. Madrid, Museu del Prado.

Energúmenos
El energúmeno avergüenza a sus hijos y a sus padres, a no ser que sus hijos y sus padres también sean energúmenos, en cuyo caso se sienten orgullosos de él. No respeta el turno, ni las colas, habla en voz alta en el cine, aparca siempre en doble fila y cuando, con razón, le ponen una multa, blasfema y repite que «sólo eran cinco minutos», porque el energúmeno considera que sus cinco minutos son mucho más importantes que los cinco minutos de los demás. El energúmeno ronca, pero no porque tenga un problema respiratorio o de sobrepeso. Lo hace para fastidiar y hacerse notar incluso cuando duerme. En los aviones, suele reclinar violentamente su asiento hacia atrás y si algún pasajero pone mala cara ante sus ruidosos aspavientos, lo fulmina con la mirada, buscando el conflicto que le permita discutir, amenazar y comportarse como el energúmeno que es.
El energúmeno presume de todo: de haber pagado menos por su coche que el común de los mortales, de tener amigos influyentes y de no llevar nunca ropa interior. Cuando practica el sexo, ya sea pagando o de forma gratuita, el energúmeno resopla como un cochino hasta alcanzar el clímax y se queda dormido al momento, a ser posible encima de sus víctimas, que suelen morir por asfixia o aburrimiento. Sea de derechas, de izquierdas o de centro, el energúmeno trata mal a los camareros y a los taxistas y cuando habla de su mujer delante de ella utiliza la palabra «esta» en un tono que fluctúa entre la condescendencia y el desprecio.
El energúmeno cree que hay que tener deudas para ser alguien y no pagarlas nunca para ser respetado. Nunca desconecta el teléfono móvil, llama de tú a los adultos que no son de su raza, amenaza a los profesores que suspenden a sus hijos y, siempre que puede, paga con dinero negro. Cree que los hombres que se depilan son unos maricones, que las mujeres son un poco putas y que todos los políticos son unos ladrones. Tiene soluciones drásticas para resolver el paro, la crisis, la delincuencia, la contaminación, la inmigración y los malos arbitrajes, y si cometes el error de escuchar sus argumentos, descubres que la solución es la misma para todo: mano dura. A veces, gracias a la lotería del azar, el energúmeno se tropieza con otro energúmeno. Y aunque el encontronazo suele ser desagradable, proporciona a los que no son energúmenos cierta esperanza. La esperanza de comprobar que, con un poco de suerte, los energúmenos acabarán eliminándose los unos a los otros y que, cuando hayan desaparecido, el mundo será un lugar un poco menos insoportable.

Sergi Pàmies, La Vanguardia, 1 oct. 2010.