Anotació

Adelante, compadre

Sam Haskins, Mime Hat Close Up from ‘Five Girls’ 1962

 Sam Haskins, Mime Hat Close Up from ‘Five Girls’ 1962.

 

—Adelante, compadre. Cuando salí a buscarlo esta tarde no encontré ni el sobrero.

—No lo uso para no tener que quitarmelo delante de nadie.

 

Gabriel García Márquez (1927-2014), El coronel no tiene quien le escriba (1961). Barcelona: Debolsillo, 2013, p. 77.

 

 

 

 

Anuncis
Anotació

Cartes

Imatge

Bill Murray as Walt Bishop, Frances McDormand as Laura Bishop, Bruce Willis as Captain Sharp and Edward Norton as Chief Ward in Moonrise Kingdom directed by Wes Anderson, 2012.

 

«Yo no tengo quien me escriba.»

 

Gabriel García Márquez (1927-2014), El coronel no tiene quien le escriba (1961). Barcelona: Debolsillo, 2013, p. 23.

 

 

 

 

Anotació

Cent Anys de Solitud

Cent Anys de Solitud

Cerimònia de lliurament del Premi Nobel de Literatura (1982). Fotografia: Bertil Ericson.

«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.»

Gabriel García Márquez, Cien años de soledad (1967).

«Molts anys més tard, davant l’escamot d’afusellament, el coronel Aureliano Buendía s’hauria de recordar d’aquella remota tarda que el seu pare l’havia dut a conèixer el gel.»

Gabriel García Márquez, Cent anys de solitud. Traducció d’Avel•lí Artís Gener (Edhasa, 1970).

«Many years later, as he faced the firing squad, Colonel Aureliano Buendía was to remember that distant afternoon when his father took him to discover ice.»

Gabriel García Márquez, One Hundred Years of Solitude. Translated by Gregory Rabassa (Harper Perennial Modern Classics, 1970).

Molti anni dopo, di fronte al plotone di esecuzione, il colonnello Aureliano Buendía si sarebbe ricordato di quel remoto pomeriggio in cui suo padre lo aveva condotto a conoscere il ghiaccio.

Gabriel García Márquez, Cent’anni di solitudine. Traduzione di Enrico Cicogna (Mondadori, 1982).

«Bien des années plus tard, face au peloton d’exécution, le colonel Aureliano Buendia devait se rappeler ce lointain après-midi au cours duquel son père l’avait emmené découvrir la glace.»

Gabriel García Márquez, Cent ans de solitude. Traduit par Claude et Carmen Durand (Livre de poche, 1968).

 

Cent anys de soledat són molts?

James Van Der Zee, Nude, Harlem, 1933.


«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquiades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades. «Las cosas, tienen vida propia —pregonaba el gitano con áspero acento—, todo es cuestión de despertarles el ánima.» José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación iba siempre más lejos que el ingenio de la naturaleza, y aun más allá del milagro y la magia, pensó que era posible servirse de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra. Melquíades, que era un hombre honrado, le previno: «Para eso no sirve.» Pero José Arcadio Buendía no creía en aquel tiempo en la honradez de los gitanos, así que cambió su mulo y una partida de chivos por los dos lingotes imantados. Úrsula Iguarán, su mujer, que contaba con aquellos animales para ensanchar el desmedrado patrimonio doméstico, no consiguió disuadirlo. «Muy pronto ha de sobrarnos oro para empedrar la casa», replicó su marido. Durante varios meses se empeñó en demostrar el acierto de sus conjeturas. Exploró palmo a palmo la región, inclusive el fondo del río, arrastrando los dos lingotes de hierro y recitando en voz alta el conjuro de Melquíades. Lo único que logró desenterrar fue una armadura del siglo xv con todas sus partes soldadas por un cascote de óxido, cuyo interior tenía la resonancia hueca de un enorme calabazo lleno de piedras. Cuando José Arcadio Buendía y los cuatro hombres de su expedición lograron desarticular la armadura, encontraron dentro un esqueleto calcificado que llevaba colgado en el cuello un relicario de cobre con un rizo de mujer.»

Gabriel García Márquez, Cien años de soledad (1967).